
Director de proyectos
15 de diciembre de 2025
Política
¿Todavía no sabes lo que significa “Six Seven” o, en castellano, ”Seis siete”? ¿Que no sabías ni que esa expresión existía? Venga, ponte cómodo que te lo cuento rápido.
“Six seven” es una expresión que nos llega de Estados Unidos, cómo no, dónde se hizo popular a través de Tik Tok. De la noche a la mañana, miles de jóvenes estadounidenses empezaron a responder con estas dos palabras a prácticamente todo. Docentes, padres, madres, intentaban entender si era una muletilla, al estilo “Bro” o “Literal”, pero no hubo respuesta. “Six seven” significaba simplemente eso: Six seven, dicho en cualquier momento bajo cualquier circunstancia.
Pasaron las semanas y la expresión cruzó el charco, en España se empezó a utilizar y las familias y entornos de los adolescentes se encontraban en la misma tesitura que sus homólogos yankees. Pero como decía Cervantes: «Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades». Poco a poco pudimos entender y analizar la expresión para determinar que una generación de adolescentes la utiliza para describir una actitud impulsiva, temeraria, en clave de broma con la que alguien actúa sin medir las consecuencias. Vamos, lo que aquí en Valencia se ha resumido toda la vida con un “Tot per l’aire!” (¡Todo por el aire!).
Ir six seven es contestar sin filtro, decidir en caliente, creer que controlarás las consecuencias sin haber pensado en ellas.; es la valentía mal gestionada, la seguridad sin cimientos, la acción sin reflexión. Y, tal vez lo preocupante es que define con una precisión inquietante la forma en la que hoy se comunican demasiados líderes políticos.
La política en modo adolescente
Durante años hemos atribuido los problemas de comunicación institucional o política a la ideología, a la falta de estrategia o la seriedad que se le presupone a un asunto tan relevante como es la política en nuestras vidas. Pero tal vez la analogía es otra, mucho más simple y más humana: la política se comporta como un adolescente con móvil. Impulsiva, reactiva, dominada por la urgencia del “hay que decir algo ya”, aunque ese “algo” esté incompleto, mal explicado o no responda a lo que realmente necesita la ciudadanía.
La política actual, da igual el nivel que escojamos, vive condicionada por un entorno donde el silencio se interpreta como debilidad y la demora en responder, como culpa. Eso genera un estilo comunicativo que es puro six seven: anunciar antes de pensar, reaccionar antes de procesar, responder antes de comprender. Como si la prioridad no fuera gobernar mejor, sino evitar perder el relato por encima de todas las cosas.
Ese estilo tiene un problema evidente. En política, cada palabra tiene consecuencias. Y cuando un cargo público comunica impulsivamente, sin contexto ni estrategia, el daño es doble: pierde credibilidad y alimenta la desconfianza que muchos ciudadanos sienten ya de por sí hacia cualquier institución.
Cuando falta la pausa, sobra la confusión
La ciudadanía no exige perfección, exige claridad y honestidad. Y, sobre todo, exige que quien gobierna demuestre que sabe lo que está haciendo. Pero cuando las decisiones o situaciones se explican de manera parcial, o de forma intencionadamente errónea, lo que llega al público es una narrativa fracturada. Una especie de mosaico incompleto que cada vecino y vecina rellenan con sus sospechas, experiencias previas o prejuicios políticos.
En ese caos se multiplica el ruido: aparecen los titulares apresurados, los rumores en las redes y las explicaciones contradictorias. Y cada trozo de desinformación actúa como un ladrillo más en el muro que separa a la política de la ciudadanía.
El six seven político no es solo impulsividad: es falta de contexto, de planificación estratégica y de una narrativa que conecte las decisiones con un propósito. Una mala decisión puede tener arreglo. Una mala comunicación lastra incluso las decisiones buenas 一no voy a poner casos reales porque esto se convertiría en “El Quijote vol.2”一.
Reaccionar no es comunicar
Muchos políticos y políticas confunden comunicar con responder. La comunicación es proactiva, porque explica, contextualiza, anticipa. Mientras que la respuesta es reactiva, en tanto que aparece solo cuando hay un problema. El modo six seven es esencialmente eso: vivir en el terreno de la reacción, esperar a que estalle la polémica para empezar a explicar, improvisar mensajes para apagar incendios y correr detrás del debate público en lugar de dirigirlo.
Los jóvenes, cuando dicen que alguien ha ido “full six seven”, no describen tanto la acción, sino la falta de cálculo: la decisión que ha sido impulsada más por la emoción que por la cabeza. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando un gobierno anuncia un proyecto sin haber preparado antes un relato claro; cuando explica una obra sin haber definido por qué es necesaria; cuando comunica cambios sin haber escuchado a quienes les afectan.
El resultado es siempre el mismo: desconfianza, rechazo y la sensación de que van improvisando o que no hay nadie al volante.
La paradoja: la ciudadanía quiere lo contrario
Mientras los jóvenes conviven con expresiones como six seven para describir la impulsividad, los que ya acabamos de aterrizar en los 40, incluso los que han aterrizado en los 30, piden justo lo opuesto: previsión, coherencia y una línea argumental que les permita entender hacia dónde va su ciudad. Piden que se les trate como adultos, no como espectadores de un reality show político.
Salir del modo six seven
La comunicación política puede, y debe, aprender mucho del concepto. Puede convertir la etiqueta en un espejo, porque el antídoto contra el six seven no es complicar la comunicación, no es lanzarse al barro y pringarlo todo, sino simplificarla.
¿No te quedan claros los pasos? Bueno, aunque no estén todos 一porque no existe una única receta mágica en esto de la comunicación一 si que te dejo 5 premisas que debes cumplir:
- Pensar antes de anunciar.
- Medir el impacto, o al menos calibrarlo, antes de escribir un comunicado, una nota de prensa o un simple copy en redes.
- Contar el contexto antes de que llegue el ruido.
- No tener miedo a explicar lo que no se sabe aún.
- Y, sobre todo, comunicar como un adulto, no como un adolescente con prisa.
El six seven no es una moda juvenil más, sino un ejemplo generacional de la impulsividad. Una metáfora que, aplicada a la política, funciona demasiado bien como para ignorarla. Quizá porque la política lleva demasiado tiempo comunicando así, a golpe de ocurrencia, con la urgencia de quien teme llegar tarde a una conversación que ni siquiera controla; con el miedo de ser el último en decir algo, de parecer el tonto del grupo.
Y, al final, la diferencia es simple: un adolescente puede permitirse actuar sin medir. Un gobierno, sea municipal, autonómico o nacional, no. Si la política quiere reconciliarse con la ciudadanía, lo primero que debe hacer es abandonar ese modo six seven. Y empezar a comunicar con la pausa, la coherencia y la honestidad que la gente lleva años esperando.