‘Política pop’ como clave de gobierno

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Noelia Capapé
Consultora de comunicación

22 de agosto de 2024
Política

A lo largo de la historia la cultura popular ha servido para hacer simple lo complejo, acercando cuestiones alejadas del ideario colectivo al día a día. Donde antes reinaban las viñetas y los anfiteatros, ahora son las redes sociales las que se han convertido en el escenario de esta batalla cultural.

Pero a diferencia de otras disputas, esta no solo es invisible sino que se ha convertido en la clave para fidelizar a una ciudadanía cada vez más descontenta con la clase política.

La política pop es la combinación perfecta entre la industria del entretenimiento y la política, como bien define Gianpietro Mazolleni. Y no, política pop no es solo recordar que la hamburguesería favorita de Obama es Five Guys o que a Pedro Sánchez le gustó el documental de Miss Americana. La política pop es utilizar fórmulas y referencias de la cultura popular para comunicar nuestros mensajes con mayor eficacia. Y en esta disputa, el electorado más joven es el objetivo más ansiado a conquistar (solo hay que ver los múltiples intentos de la actualidad). Un nicho de difícil acceso, volátil, pero que puede ser determinante en cualquier cita electoral.

‘Kamala is Brat’

La política estadounidense siempre ha sabido explotar esta tendencia. El camino hacia la cita electoral del próximo 5 de noviembre nos está dejando acciones que no podemos pasar por alto. La reciente candidata demócrata, Kamala Harris, se lanzó a crear su cuenta de Tik Tok con contenidos diferenciados de otras redes sociales y con colaboraciones con referentes para el sector más joven de la población. Sin embargo, la comunicación más innovadora la vemos en el perfil oficial de la campaña: ‘Kamala HQ’. Una cuenta en la que la memecracia reina y de la que están sabiendo sacar provecho.

La música es una gran aliada para la política y esta campaña no está siendo una excepción. La artista Charli XCX escribía en sus redes sociales ‘Kamala is Brat’, una referencia a su nuevo álbum y a una mujer empoderada, resignificando el concepto negativo de ‘mocosa’. Y de repente, este guiño de la cultura pop al puro estilo Gen Z se ha convertido en uno de los símbolos para la candidata demócrata. Desde un guiño en sus perfiles de campaña a la estética verde del álbum, pasando por multitud de mensajes de usuarios respaldando el movimiento o hasta la creación de merchandising propio. 

Kamala Harris ha llegado más tarde de lo previsto, pero nos está recordando la importancia de la batalla cultural en campaña. Y puede que el impacto de sus acciones no podamos medirlo con exactitud, pero según el Partido Demócrata a principios del mes de agosto logró multiplicar por diez el número de contribuciones de menores de 30 años.

¿Spain is different, no?

No tenemos que irnos tan lejos. En España cada vez cobra más importancia esta estrategia, incluso para quienes todavía no se habían sumado antes. Este verano Feijóo realizaba una entrevista en el podcast Worldcast, un encuentro en el que le veíamos en un contexto más informal y con un tono más desenfadado. Pero, a pesar de la sorpresa o descontento de muchas personas con esta entrevista, ¿acaso uno de los principales objetivos de la comunicación política no es humanizar al candidato?

La vieja y la nueva política todavía se muestran en muchas ocasiones como dos apuestas diferenciadas, solo hay que ver las últimas elecciones europeas con la campaña de ‘Se acabó la Fiesta’. Sin embargo, cada vez nos asombramos menos de ver cómo perfiles alejados del escenario digital se lanzan hacia un nuevo modo de conectar con la población joven.

Y no, no se trata de vaciar de contenido a nuestro proyecto político con memes. Se trata de tejer un marco discursivo común que logre crear una comunidad de jóvenes que se identifiquen, emocionen e involucren con nuestro propósito. Hay un sinfín de fórmulas para lograrlo, pero al final la clave reside en conocer a nuestra audiencia para saber llegar a ella.