El artivismo: nuevas formas de expresión política para tocar corazones y movilizar conciencias

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Itziar Silvestre
Consultora de comunicación

19 de noviembre de 2022
Política

Toda manifestación artística es susceptible de tener un impacto social y político. En la política institucional, el arte es un elemento que puede pasar desapercibido como lenguaje y como herramienta de comunicación. Sin embargo, el auge de las redes sociales y las nuevas necesidades creativas de un público cada vez más exigente invitan a explorar el potencial del lenguaje artístico en las campañas electorales.

Aquellos espacios donde el arte político ha podido desarrollarse y se ha manifestado como una herramienta comunicativa efectiva están principalmente vinculados a movimientos sociales y a la contracultura. Ello se debe, en parte, a la capacidad del arte para movilizar e impactar a la gente. De aquí nace lo que conocemos como ARTivismo, la simbiosis perfecta entre arte y activismo.

Arte de acción y movimientos sociales

El arte se convierte así en un medio de comunicación enfocado a la transformación social. El lenguaje artístico sale de su escenario habitual para conquistar el espacio público y vehicular reivindicaciones con un claro mensaje sociopolítico. Las acciones artivistas pueden suceder en el espacio urbano o en el digital, estar a cargo de artistas o de activistas que apelan a su vocación creativa y, por supuesto, pueden ser organizadas o espontáneas. Todas estas manifestaciones, sin embargo, tienen en común la renovación de los lenguajes políticos para crear procesos de mediación con la sociedad a través de la creatividad, impulsar un tema político o exponer demandas populares.

En movimientos sociales como es el movimiento de solidaridad con el pueblo saharaui, el arte se ha convertido en un arma política. La resistencia saharaui no se puede entender sin su vinculación a la música o a la poesía. Cuando la cantante y poeta saharaui Aziza Brahim canta ante un auditorio repleto de personas afines al movimiento, lo que se siente no es solo la música, sino que se produce una identificación con su lucha por la justicia, la libertad y los Derechos Humanos.

En este escenario, la creación artística promueve un paradigma de restitución de derechos sociales y culturales, así como un medio para salir de una lógica atravesada por la violencia. Si el arte se manifiesta como símbolo de resistencia es por su capacidad de recuperar la memoria y de dar voz a quienes se han sentido vulnerados pero, sobre todo, por la capacidad de este lenguaje para vehicular demandas colectivas frente a una sociedad cada vez más individualizada.

En este mismo contexto, surge lo que el artista Isidro López-Aparicio conceptualiza como “arte de acción”. El mismo permaneció durante 24 horas en uno de los agujeros que las minas antipersona han dejado grabados en el desierto del Sáhara. Las imágenes de esta acción performativa son una de las más reproducidas en la historia del artivismo en este punto geográfico, hasta tal punto que permitieron crear un concepto de marca a través de la identificación de la población saharaui y de la sociedad occidental con esta imagen de aislamiento y abandono del Sahara Occidental. La misma fotografía fue repetida con personajes famosos como Manu Chao o Javier Bardem, como símbolo del apoyo a esta reivindicación por los derechos humanos.

El ARTivismo, como señala el experto en comunicación política Antonio Gutiérrez-Rubí, sirve para enfatizar el mensaje e impactar. Es el caso del bombardeo de ositos de peluche lanzados en el cielo de Minsk, en Bielorusia, con críticas al Gobierno o la imagen de una multitud de personas encerradas en grandes burbujas transparentes por las calles de Copenhague, que pretendían llamar la atención sobre la estigmatización sobre la enfermedad del SIDA en Dinamarca.

Acciones artivistas en el ámbito local y autonómico

Más allá de movimientos globales, también podemos encontrar ejemplos de activismo a escala local. Es el caso de la ONG granadina ASAD, que consiguió movilizar a la juventud de uno de los distritos más marginados de Granada para mostrar el potencial de la juventud del barrio, poner en valor su diversidad y romper los estereotipos negativos a través del montaje de un videoclip. Las campañas, en casos como este, se diseñan pensando en cómo involucrar y motivar a la gente, que cree en determinadas ideas para que se movilice activa y creativamente para comunicar una realidad o reivindicación social.

La movilización de energía creativa con un fin social o político también la podemos encontrar en campañas de partidos a nivel autonómico y local. El fin, en realidad, es trasladar una reivindicación o un mensaje político buscando un nuevo lenguaje que puede comprender desde las artes plásticas, el teatro o la música, entre otras muchas formas de comunicar a través del arte. Vemos un sencillo ejemplo en Compromís, quien para comunicar su rechazo a las compañías eléctricas por la subida del precio de la luz optó por “regalar carbón a las eléctricas por Navidad”. Durante las últimas navidades, un gran saco de carbón lució en la plaza del Pilar de València, junto a la sede del partido, al estilo de un auténtico ninot de falla.

Parece que el lenguaje artístico gustó al equipo de Compromís esas navidades, porque unos días más tarde de hacer pública esta campaña compartía en redes sociales “La gran innocentada”, el debut actoral de personalidades del partido como Joan Ribó, Joan Baldoví o Mónica Oltra. A través de una pieza audiovisual en la que simulaban estar en la típica gala del día de los Inocentes que cada año se emite en televisión, el partido encontró una forma original de denunciar el número de trenes cancelados en un año en la Comunitat Valenciana, en el marco de la campaña #OnEstàElMeuTren.

Que no cunda el pánico. Tampoco es necesario que el candidato o la candidata se ponga delante de las cámaras para interpretar un personaje shakesperiano o ponerse en la piel de un comediante para llevar adelante una acción artivista. La conclusión que nos muestra el ejemplo citado es que más allá de los discursos repetitivos, las notas de prensa o los comunicados es posible encontrar en el lenguaje artístico una forma innovadora, impactante o, incluso, divertida de comunicar los mensajes que forman parte de la agenda o de la estrategia política del partido.

El arte mueve masas y ello también lo comprobamos con la campaña “Madrid con Manuela”, uno de los ejemplos más recientes de movilización de la creatividad colectiva para apoyar una candidatura política. Más de mil artistas, profesionales y amateurs, se unieron de forma espontánea en redes sociales para impulsar la candidatura de Manuela Carmena a la alcaldía de Madrid. Esta campaña nos dejó imágenes difíciles de olvidar, ilustraciones que evocaban a la ahora ex-alcaldesa como una líder carismática y que se compartieron de forma viral. Algo similar ocurrió con el artista Shepard Fairy y su icónico cartel de Obama con la palabra “Hope”, que ha pasado a la historia de la política y la cultura pop.

Más allá del elemento reivindicativo del que parten la gran mayoría de acciones artivistas, estas también pueden ser impulsadas como iniciativas institucionales o de Gobierno para lograr reconectar con la ciudadanía a través de un elemento que es capaz de movilizar y emocionar a las masas como es la cultura. Un objetivo que se puede cumplir haciendo partícipes a artistas locales de la agenda institucional o cediendo espacios a la difusión artística dentro del municipio.

El arte puede ser una potente arma de denuncia a nivel político y social, pero la socialización de la creatividad es también una oportunidad para generar comunidad en torno a unos valores o principios políticos.