
Consultora de comunicación
30 de enero de 2025
Institucional
Todavía recuerdo el primer escaparate que descubrí en la que ahora es mi librería favorita. Porque los mejores escaparates no son aquellos que tienen el mejor presupuesto, sino los que saben cautivar a su público.
Un espacio reducido que requiere de una selección estratégica para captar tu atención e invitarte a entrar. Una pequeña ventana que no solo consigue romper la barrera que te separa con la historia que hay detrás, sino que te permite imaginarte en tu día a día con cada uno de los elementos que están expuestos.
En el escenario digital, el escaparate por excelencia son las redes sociales. Una oportunidad para atraer, acercarse y convencer a un público que puede ser complicado. Y en esta pugna por la atención, entre todos los tipos de perfiles posibles, las instituciones públicas tienen una milla de oro para lograr superar su mayor desafío: conectar con una ciudadanía con un alto grado de desafección política.
Nuevas fórmulas para nuevos retos.
El color frente al blanco y negro. El vídeo por encima de la fotografía. Tik Tok como relevo al informativo en prime time. La sociedad ha cambiado, pero ¿lo han hecho las instituciones?
Estar al día de las últimas tendencias digitales no es una tarea fácil, pero tampoco es una misión imposible. Casos como el del Ayuntamiento de Málaga nos recuerdan que apostar por una comunicación cuidada no solo refuerza la imagen de la institución, sino que cumple con una función de transparencia e información pública que ayuda a posicionar el proyecto. Porque no solo se trata de buscar un bonito envoltorio, sino crear un recipiente y contenido atractivo y diseñado a medida para nuestro público, como hace desde hace un tiempo la cuenta del Parlamento Europeo en España. Y para ello, no existe una sola hoja de ruta, pero sí algunas claves para lograrlo:
- Una estrategia de legislatura: El reto de saber desde dónde partimos y hacia dónde vamos. De primeras, algo que puede resultar baladí, pero que puede marcar el éxito o el fracaso de una legislatura. Existen múltiples caminos para lograr llegar a nuestra meta, pero la ruta perfecta es aquella que sigue el espíritu del proyecto, cumple con todos los objetivos y no cae en la improvisación.
- Humanizar a la institución: Las personas por encima de las cifras. Los datos son importantes (y necesarios), pero también son susceptibles de ser olvidados. Empatizar y crear un vínculo con el proyecto requiere mostrar a las personas que se encuentran detrás de la institución. Sólo así podemos transformar un lugar que puede ser hostil como una institución en algo cercano.
- Hacer simple lo complejo: El lenguaje importa, y más todavía para la comunicación institucional. La administración pública tiene su propia jerga, sí, pero esta es muy distinta a la que utiliza la ciudadanía. Aterrizar el mensaje y trasladarlo a pie de calle es un desafío ineludible.
- Cuidar los detalles: La imagen tiene cada vez más relevancia. La apuesta por la coherencia visual, el contenido audiovisual o las nuevas plataformas puede ser determinante. Todo comunica, desde un atril hasta una story. No podemos olvidarnos de ello.
¿Y ahora qué?
Es el momento de que muchas instituciones pasen a la acción. Y si algo aprendí de la que para mí siempre será una obra audiovisual, Desayuno con Diamantes, es que no hay un mejor escaparate que aquel que miras con la esperanza de formar parte de él. Los ayuntamientos deben convertir las redes sociales en una ventana que acerque lo lejano y, entonces, solo tal vez, logren cautivar a un público descontento. Un largo camino que puede empezar mañana, pero que acaba con la cita electoral.