Feed killed the political trads: por qué los partidos ya comunican como creadores de contenido

Rafa Solano
Fotógrafo y videógrafo

27 de mayo de 2026

Si hace diez años me hubieran pedido que grabara a un político en vertical, mirando a cámara como un streamer y que competiría por captar la atención entre cientos de vídeos de recetas, memes y gatitos, no lo habría creído.

Pero esa es, a día de hoy, la realidad.

La comunicación política ha cambiado más en los últimos cinco años que en las últimas cinco décadas. Y gran parte de esa transformación tiene que ver con lo audiovisual. Ya no se comunica pensando en el telediario o en el debate de prime time; ahora se comunica pensando en algoritmos y feeds.

Del set de TV al móvil

La política ya no se consume sentado frente a una televisión a unas horas determinadas del día; ahora, estos contenidos están al alcance de nuestra mano. El cambio, además, no es solo tecnológico; es también narrativo.

La política ha abandonado poco a poco los códigos clásicos de la televisión para adoptar los de las plataformas digitales, y los ejemplos son múltiples: los formatos verticales (hemos abandonado la horizontalidad), la edición rápida de contenidos, los subtítulos llamativos, la música en tendencia o la estética (aparentemente) espontánea.

Todo está pensado para captar la atención en segundos porque el rival ya no es únicamente otro partido político: es todo internet. Un discurso compite contra clips de fútbol, influencers o trends. Y todo esto nos obliga a adaptar el lenguaje audiovisual a una lógica mucho más rápida e inmediata.

El político como creador de contenido

Antes, los y las políticas buscaban aparecer en los medios de comunicación, colocar un tema en la agenda política y en la conversación pública. Ahora, además de esto, también deben alimentar constantemente las redes.
Los líderes políticos reaccionan, graban clips, participan en podcasts, enseñan backstage y producen contenido casi a diario, es decir, la lógica del algoritmo ha entrado de lleno en la comunicación política y la está moldeando constantemente.

Y eso ha cambiado también la forma de construir liderazgo: importa lo que se dice, pero también cómo se graba, cómo se edita y cómo circula el contenido. La capacidad de viralizar es ahora una aptitud más de quienes se dedican a la política.

A veces el resultado funciona; otras, ocurre algo todavía más humano: políticos intentando parecer naturales mientras todo el mundo percibe que hay alguien fuera de plano diciendo “Perfecto, pero hagamos otra toma por si acaso”.

El algoritmo también hace política

Las plataformas premian la velocidad, la emoción y la viralidad. Y la política se está adaptando a ello a pasos agigantados.

Es cierto que este nuevo panorama tiene una serie de ventajas: los mensajes son más accesibles, la comunicación es directa y aumenta la capacidad de difusión de los mensajes. Pero también encontramos riesgos: la simplificación extrema, la banalización de determinados temas, la dependencia del impacto inmediato… En resumen: la política convertida en entretenimiento permanente.

Porque cuando todo se diseña para funcionar en 15 segundos, explicar ideas complejas se vuelve cada vez más difícil.

La campaña nunca termina

Quizá el mayor cambio es que la comunicación política ya no tiene pausas. Antes, el tiempo transcurrido entre las elecciones se entendía como un periodo de calma. Ahora, la campaña es constante, permanente, diaria. Siempre hay algo que publicar, reaccionar o viralizar. Y en ese contexto, el audiovisual ya no es un complemento de la política: es una parte central de cómo se construye poder, relato e influencia.

Debemos aceptarlo: la política vertical no es una moda pasajera. Es la adaptación de la comunicación pública a una sociedad que vive pegada a una pantalla. Porque hoy una idea política puede nacer en un despacho, pero su verdadero examen ocurre en los escenarios digitales.

Y aunque suene extraño, buena parte del debate político del presente (y me atrevería a decir seguramente del futuro) se decide precisamente ahí: entre reels de treinta segundos.